DOMINGO XVIII DE TIEMPO ORDINARIO -A-
«DADLES VOSOTROS DE COMER»
CITAS BÍBLICAS: Is 55, 1-3 * Rm 8, 35.37-39 * Mt 14, 13-21
El Señor Jesús, enterado de la muerte de Juan el Bautista, desea retirarse con sus discípulos a un lugar tranquilo y apartado para descansar. Sin embargo, la inmensa multitud que le sigue descubre el lugar, y altera por completo sus planes. En este punto el evangelista nos muestra el corazón del Señor cuando nos dice: «viendo al gentío, le dio lástima». ¿Qué nos hace presente esto? Pues, muy sencillo. Nos muestra que el corazón del Señor no es un corazón duro y ajeno al sufrimiento del hombre, al tuyo y al mío. Él, cuando nos ve a ti y a mí en la lucha diaria, cuando contempla los problemas que nos abruman tanto en lo material como en lo espiritual, no se queda impávido viendo como sufrimos, sino que su corazón se enternece, siente lástima de nosotros, como la experimentó ante aquellos que le buscaban.
¿Cómo responde a la gente? Dándoles una palabra de aliento y consuelo, y, atendiendo también a sus necesidades físicas, cura sus enfermedades. Sabe muy bien cuál es su misión y nos demuestra que para la evangelización no existe el tiempo de descanso. No existen las vacaciones. También tú y yo, que nos llamamos sus discípulos, estamos llamados en todo momento y ocasión, como dice san Pedro en su carta, a dar razón de nuestra fe, dando a conocer a los que nos rodean el amor y el perdón de los pecados que Dios-Padre nos ha otorgado a todos en la Cruz del Señor Jesús.
Atendiendo pacientemente a todos los que le piden ayuda, empieza a caer la tarde. Los discípulos le hacen ver que están en descampado y le sugieren que despida a la gente para que busquen comida en las aldeas cercanas. La respuesta es tajante y los deja totalmente descolocados: «Dadles vosotros de comer». ¿Cómo, le dicen, si no tenemos más que cinco panes y dos peces? Y, una vez más acontece el milagro. Con esos cinco panes y dos peces da de comer a más de cinco mil hombres sin contar mujeres y niños. No queremos pasar por alto esta respuesta del Señor porque hoy ha resonado para cada uno de nosotros. A ti y a mí que nos llamamos cristianos, discípulos de Jesús, Él, nos dice: Dadles de comer. Si nos fijamos en nuestra sociedad observaremos hasta qué punto está dominada por la mentira y el egoísmo. La gente está hambrienta por escuchar la verdad, por escuchar algo en lo que se pueda confiar. Tú y yo, sin merecerlo, conocemos esa verdad. Conocemos el amor de un Dios que ama y perdona sin límite. Un Dios que no anota en su libreta cada uno de nuestros fallos, sino que los comprende, los perdona y olvida. Es necesario, pues, que demos a conocer a los demás ese Dios mediante nuestra vida. Que todos viendo nuestra conducta se encuentren con Él.
Vemos la obra del Señor y nos consuela. Con su predicación reparte abundante alimento espiritual a todos los que le siguen. Les da primero el alimento del alma porque sabe que «no sólo de pan vive el hombre, pero se preocupa también en dar alimento a nuestro cuerpo. Como ha venido a extender con su predicación el reino de Dios, da prioridad a la evangelización. Después se preocupará también del alimento físico. Teniendo en cuenta este orden de cosas, hará realidad aquellas palabras suyas cuando nos decia: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás se os dará por añadidura».