DOMINGO XI DE TIEMPO ORDINARIO -A-
«SE COMPADECIÓ PORQUE ESTABAN COMO OVEJAS QUE NO TIENEN PASTOR»
CITAS BÍBLICAS: Ex 19,2-6a * Rm 5, 6-11 * Mt 9, 36-10,83
En el evangelio de esta semana vemos al descubierto las entrañas de misericordia del corazón del Señor Jesús, cuando dice que viendo a las gentes sintió compasión porque estaban «como ovejas sin pastor». Por eso, dirigiéndose a sus discípulos les dice: «La mies es abundante pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies.»
Esta frase, que pone hoy el Evangelio en boca de Jesús, puede ser interpretada de manera errónea. Quizá pensemos al escucharla que Jesús se refiere a la necesidad que tiene el mundo, la sociedad, de la presencia de presbíteros y de personas consagradas, que trabajen en la Iglesia y que se esfuercen por extender el Reino de Dios.
Sin duda, el Señor en un principio pensaba en ellas. La prueba la tenemos en que es el mismo, el que a continuación envía a sus Apóstoles a anunciar la Buena Nueva del Reino. Podemos pensar, por tanto, que esta palabra no va con nosotros. Sin embargo, si hacemos una lectura más amplia del pasaje, descubriremos que todos los que por el Bautismo estamos incorporados a Cristo, no podemos en ningún modo vivir ajenos a la misión que este sacramento nos ha conferido. Todos hemos recibido por este Sacramento la misión de anunciar la Buena Nueva a los que nos rodean.
No somos cristianos para asegurar nuestra salvación personal. La misión que como miembros del cuerpo de Cristo tenemos, es hacerlo presente en la sociedad en la que vivimos. Él, ahora, no está entre nosotros de una manera física, sin embargo, su salvación, la que ganó para todos los hombres, es necesario darla a conocer a todo el mundo. Extender el Reino nos incumbe también a nosotros. Es algo a lo que no podemos renunciar. Como discípulos del Señor, hoy somos su boca, sus brazos y sus manos, en medio de esta generación en la que nos ha tocado vivir. Los que nos rodean han de llegar a conocer al Señor a través de nuestra vida. Estamos llamados a ser sus testigos.
El Señor dice, con razón, que la mies es mucha y pocos los trabajadores. Por tanto, es necesario que allí donde nos encontremos, familia, trabajo, amistades, vecindario, etc., lo hagamos presente con nuestra actitud. No podemos vivir en un divorcio entre lo que creemos y lo que practicamos. Es necesario que los demás vean en nosotros otros cristos. Quizá pensemos que esto es difícil. No es difícil, es imposible para nosotros, pero para Dios no hay nada imposible. Es él, el primer interesado en que esto se lleve a cabo. Por eso, a pesar de nuestra debilidad, si pedimos que su Espíritu habite en nosotros, Él, nos lo dará gratuitamente y nos concederá la fuerza para poder realizar la misión a la que como cristianos nos llama.