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Conjunto de artículos de contenido referido a la vida de fe

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ACTITUD DEL CRISTIANO ANTE LA CRUZ

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ACTITUD DEL CRISTIANO ANTE LA CRUZ

Cuando hablamos de aceptar la cruz, aquellos que nos escuchan pueden considerar  que lo que decimos, es el resultado de una actitud cobarde porque con la escusa de que la cruz es necesaria, nos resignamos y la aceptamos como algo inevitable, no siendo capaces de rebelarnos contra todo aquello que nos hace sufrir y que nos impide ser felices. Piensan que aceptamos la cruz porque no tenemos otro remedio, porque no tenemos el valor de afrontar los hechos, evitando todo aquello que nos hace daño.

Ellos no distinguen entre aceptación y resignación. El cristiano ante la cruz no se resigna. Resignarse es sinónimo de aguantarse. Equivale a soportar la adversidad de una manera un tanto cobarde, sin osar rebelarse, y sin ser capaz de levantar la voz para protestar. Es algo que resume perfectamente la frase popular: “Sin derecho al pataleo”. En esta actitud no cabe la alegría.

La razón de que se juzgue así la actitud del cristiano ante la cruz, hay que buscarla en el desconocimiento que el mundo tiene de la función de la cruz en la vida de todo hombre. Para el mundo, la cruz es algo de lo que hay que huir. Es algo que hay que evitar a toda costa. La cruz destruye. La cruz aplasta. De la cruz no puede deducirse nada bueno. Así piensa el mundo, por eso no entiende ni acepta que el cristiano vea en ella, el amor de Dios-Padre hacia su criatura. 

Tener iluminada la cruz, conocer su significado en la vida, saber las razones por las que aparece en la vida, no es algo a lo que se pueda llegar con nuestra inteligencia. Todo lo que la cruz representa en nuestra vida, lo sabemos por la revelación. La mente del hombre no es capaz de descubrir que algo que destruye, que muchas veces lleva a la desesperación, que es insoportable, sea el origen del camino que conduce a la felicidad y la paz. Ocurre lo mismo cuando se piensa en la muerte. Si no se nos revela, ¿cómo podemos deducir que la muerte es puerta que se abre a la vida en plenitud?

Tanto para el cristiano como para el que no lo es, la cruz es una realidad ineludible. La aceptemos, la rechacemos o huyamos de ella, está siempre presente en la vida del hombre. Lo queramos o no, no podemos escapar de la enfermedad, del sufrimiento, de los problemas familiares, laborales, económicos o de convivencia. Las cosas no son casi nunca como nosotros lo desearíamos. Los de fuera achacan estos problemas al azar, a la mala suerte o al destino. El cristiano, por el contrario, conoce cuál es el origen del mal, de las injusticias, de los atropellos. El cristiano sabe que ha sido el pecado del hombre, el tuyo y el mío, el que ha roto el plan de Dios y como consecuencia ha hecho que el mal apareciera en el mundo.

El cristiano, decíamos antes, ante la cruz no se resigna, sino que la acepta como un regalo del Señor. El cristiano sabe por experiencia, que la cruz no es losa que aplasta, sino que es cauce que lleva al encuentro con el Señor. El cristiano sabe que cuando se encuentra con acontecimientos imposibles de asumir, que le desbordan por completo, que superan con creces todas sus fuerzas, al invocar al Señor, se abren caminos insospechados que le permiten poder caminar sobre aguas encrespadas, como Pedro, cuando camina con los ojos puestos en el Señor Jesús. El cristiano sabe que si en su vida no apareciera la cruz, no podría tener experiencia de la presencia continua de Dios y de su poder. Finalmente, el cristiano no teme a la cruz, por   que sabe que el Señor está vivo y resucitado, que como en el camino a Emaús, está siempre a su lado dispuesto a echarle una mano,  para que  a diferencia de lo que sucede en el mundo, aquello que a todos aplasta, se transforme para él en cruz gloriosa en donde experimente el inmenso amor de Dios.       

03/10/2010 18:23 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA ALEGRÍA DEL CRISTIANO

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Uno de los signos distintivos del cristiano es la alegría. Así lo manifiesta san Pablo,  cuando en el capítulo 4 de la carta a los Filipenses dice: “Hermanos: Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca.”

Es posible que alguno piense que vivir en la alegría es muy difícil, cuando los acontecimientos de la vida en una sociedad totalmente desquiciada, invitan a todo lo contrario. ¿Cómo puedo ser feliz, nos preguntamos, cuando mi vida está llena de sufrimientos? ¿Es posible ser feliz, estar alegre, sufriendo enfermedades, soportando multitud de injusticias, estando sin trabajo y viendo, además, que los únicos que prosperan, los únicos que medran, son los que oprimen al débil, los que abusan de su situación privilegiada en beneficio propio y los que como sanguijuelas engordan a base de la extorsión y el robo?

Pues sí, se puede  estar alegre a pesar de los acontecimientos negativos que cada día nos presente la vida. Se puede estar alegre porque la alegría cristiana, a diferencia de la que nos ofrece el mundo, no viene de fuera sino que nace de lo profundo del ser. La alegría que proporciona el mundo, es, las más de las veces, una alegría ficticia, una alegría hueca, sin consistencia, vacía. La alegría a la que se refiere san Pablo, es una alegría interior que nace cuando cada uno de nosotros está reconciliado con su historia.

Al cristiano, como a toda persona humana, le afectan los acontecimientos adversos que se le presentan en la vida. No ha sido vacunado contra el sufrimiento. Sin embargo, a diferencia de los no creyentes, el sufrimiento no lo destruye, no le hace caer en la desesperación. Él sabe que todo lo que acontece en su vida proviene de Dios, y que por lo tanto, todo está orientado hacia su bien. Es consciente del amor que Dios le profesa. Sabe que un padre no puede desear mal alguno para sus hijos y que por eso, todo aquello que su Padre-Dios permite en su vida, nunca tiene como finalidad hacerle daño, sino que acontece para su bien. El cristiano tiene muy presente la palabra de la Escritura que dice: “Todo sucede para bien de los que Dios ama.”

En el mundo se ignora la trascendencia. Se ha cerrado el cielo a los hombres y por lo tanto, no se pueden asumir las dificultades, los sufrimientos, las contrariedades, que se oponen al proyecto hedonista, que resume la máxima aspiración de la sociedad. Recuerdo que mi primer catequista decía, “La máxima aspiración del hombre es vivir como las vacas en el prado, con fresca hierba, agua abundante, una temperatura agradable y por si fuera poco, un buen rabo para ir espantando a las moscas impertinentes.”A eso aspiramos. A vivir nuestra vida, evitando toda complicación, aparcando toda preocupación y procurando que los demás nos dejen vivir nuestra vida en paz.

La visión que tiene el cristiano de la vida, es totalmente opuesta a la del mundo. El cristiano no ignora, que aunque fue creado para una vida plena y feliz, la entrada del pecado en el mundo trajo consigo la aparición del sufrimiento y de la muerte. Al mismo tiempo cree firmemente que esta situación no es irreversible, sino que el Señor, en su infinita misericordia ha puesto en marcha un plan de salvación, para restaurar el orden primero. Por eso, ante las dificultades y sufrimientos de la vida, no desespera y no pierde la paz interior. Sabe que todos los acontecimientos están ordenados hacia su salvación. Sabe que todo lo que el  Señor  dispone, lo dispone para su bien. De ahí, que en medio de todas las adversidades, pueda vivir feliz, con paz interior y alegre, porque su alegría hunde las raíces en la esperanza.

Para el cristiano no existe el destino ni la fatalidad ni la suerte. El mundo es el que cree en todo esto y vive esclavo de premoniciones y fantasmas irreales. Para el cristiano existe la voluntad de Dios y su divina providencia, que amorosamente gobierna a sus criaturas, respetando en todo momento su libertad. La alegría es fruto de la sintonía entre nuestra vida, entre nuestra historia, con lo que Dios, Padre amoroso, desea para cada uno de nosotros. Vivir en la voluntad de Dios, es vivir en paz y con alegría. Es abandonarse en el regazo de Dios, como niño pequeño recienmamado en los brazos de su madre.

Esta manera de enfocar la vida, esta forma diferente de vivir, es necesario que quede manifiesta ante los hombres. Así lo desea san Pablo cuando dice: “Que vuestra alegría, vuestra mesura, la conozca todo el mundo.” ¿Por qué? nos preguntaremos. Porque esta alegría, esta paz interior, esta forma diferente de vivir, hace presente la persona de Dios en medio de los que nos rodean. En medio de una sociedad hedonista que ha perdido el verdadero sentido de la vida, la alegría cristiana es un grito de esperanza, de unos hombres y mujeres diferentes, que “brillan como lumbreras en medio del mundo.”

 

06/12/2009 18:02 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

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LA FAMILIA EN PELIGRO

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Vivimos en una sociedad, en la que cada vez con más insistencia se ataca a la familia. Aunque nos referimos a la familia en general, es a la familia cristiana a la que con mayor virulencia se agrede desde diferentes frentes, en particular desde el terreno político.

              No es de extrañar que esto suceda así. Muchos políticos tienen como objetivo diseñar una sociedad a su imagen y semejanza. Una sociedad regida según sus criterios, en muchas ocasiones alejados o contrapuestos a  los valores tradicionales que defiende la cultura cristiana.

Es necesario ridiculizar valores como la fidelidad, la castidad preconyugal, el respeto al propio cuerpo, etc., mostrándolos como ataduras trasnochadas que cercenan la libertad del individuo. Es necesario así mismo, legislar favoreciendo el divorcio o el aborto, so pretexto de que cada uno es dueño de su cuerpo. Esto último lleva también a defender la promiscuidad en las relaciones sexuales ya que, según defienden, el cuerpo es de cada uno y está hecho para gozarlo. Se hace necesario también reconocer el derecho que cada persona tiene, a elegir el género que más se adecue a sus inclinaciones sexuales. Es intolerable, se dice, obligar a una persona a permanecer dentro de un cuerpo con unos atributos, que no reconoce como propios.

Para que estas teorías se lleven a la práctica y distorsionen lo que la ley natural muestra como correcto, se utilizan toda clase de medios. Cabe citar en especial la televisión, que de una manera solapada y amable, nos muestra lo felices que son las personas que siguen estos dictados.

No hay ninguna serie de televisión famosa, en la que no aparezcan escenas en que las relaciones sexuales fuera del matrimonio, no se den como lo más normal. Así mismo, es raro no encontrar parejas de homosexuales o lesbianas que vivan una relación envidiable.

Con esta política se nos empuja de una manera sutil, a considerar como normales, situaciones del todo reprobables. Es una manera solapada de minar a la familia y a los valores que representa. Porque es en ella la cuna en la que se transmiten los valores tradicionales y cristianos, se hace necesario desacreditarla, tachándola de retrógrada y de estar anclada en el pasado, defendiendo unos valores que hoy están superados.

Nuestra obligación como cristianos, es estar alerta para no dejarnos arrastrar por estos vientos de error, protegiendo a nuestros hijos de su nefasta influencia.

 

 

 

27/01/2009 23:02 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

NOVIO-NOVIA, ESPOSO-ESPOSA, ¿PAREJA?

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En la actualidad, tanto en la vida real como en los distintos medios de comunicación, prensa, radio, TV, … ha tomado carta de naturaleza referirse a los esposos o a los novios, denominándolos con la palabra genérica de“pareja”.

Quizá se deba esto, a que la relación entre los dos sexos se está devaluando a la carrera, y en vez de buscar en el otro o en la otra una ayuda adecuada (como dice el Génesis), un complemento tanto en lo espiritual como en lo físico, nos contentamos con emparejarnos.

Esta expresión, es perfecta cuando se refiere a los animales. El móvil que les impulsa a unirse, no es otro que el instinto de conservación de la especie. La única fuerza de atracción es la sexual.

No ocurre así entre el hombre y la mujer. Entre el hombre y la mujer se establecen vínculos que son muy superiores al mero impulso sexual. Dios hizo al hombre y la mujer complementarios. Los llamó a estar unidos en lo bueno y en lo adverso. Estableció entre ellos vínculos de amor y entrega que hicieran posible la renuncia al propio yo, en favor del otro.

El hombre y la mujer, no se emparejan. Se unen con lazos de amor. Se entregan totalmente el uno al otro formando un único cuerpo, no sólo en lo físico, sino también en lo espiritual.

Lo que ocurre es que la sociedad actual está empeñada en destruir estos valores y se nos catequiza para que en la relación entre hombre y mujer, sólo se dé importancia al componente sexual, haciendo ver en el otro o en la otra, únicamente, un objeto de deseo y de placer.

Visto así, es indudable que la expresión pareja, que nos hace semejantes a los animales, es la más adecuada. Presentar al marido o a la mujer como pareja, es una manera sutil de catequesis, que nos aparta de la relación que entre el hombre y la mujer, ha previsto Dios

No ha de ser así entre nosotros. Como cristiano no tengo a Cristo como pareja, sino como esposo. Él se ha entregado por mí, y ha establecido que esa entrega se visibilice en la relación entre los esposos cristianos. Marido y mujer unidos por el vínculo del Amor, y entregándose sin reservas el uno al otro, ponen de manifiesto ante esta sociedad, el verdadero amor, el amor de Cristo a su Iglesia.

29/07/2007 13:25 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PEDRO: ¿ME AMAS?

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MEDITANDO EN VOZ ALTA

La pregunta que hoy el Señor hace a Pedro ¿Pedro me amas?, como ya hemos comentado es una pregunta que nos dirige a cada uno de nosotros. Quizá nuestra respuesta al planteárnosla sea: Señor, es que haces unas preguntas… ¡Claro que te quiero! ¿Por qué, Señor, me preguntas eso? ¿Quizás dudas de mi amor?

No cabe duda de que lo que Él quiere al interrogarnos, es ayudarnos a que no vivamos engañados. Por eso será bueno preguntarnos seriamente: ¿Verdaderamente amo yo al Señor? ¿Es Él lo más importante de mi vida? ¿Cómo lo demuestro en cada día y en cada momento? San Juan dice en su primera epístola: Si no amas al hermano al que ves, ¿cómo dices que amas a Dios al que no ves? ¿Amo ciertamente a mis hermanos? ¿Sufro con los que sufren y me alegro con los que están contentos? ¿O más bien voy a lo mío intentando no complicarme la vida, porque bastante tengo ya con mis problemas? ¿Acaso no siento envidia, aunque no lo confiese, cuando lo demás prosperan, son apreciados y reconocidos y de mí nadie hace caso? ¿Comparto todo lo mío, aunque los demás no me hagan partícipe de lo suyo? ¿Soy capaz de excusar los fallos y errores de los demás, o los juzgo aunque sólo sea en mi corazón? ¿No uso más bien dos varas diferentes a la hora de medir mi comportamiento y el de los demás?

Muchas más preguntas podríamos hacernos, y quizá todas las respuestas pondrían en evidencia nuestro egoísmo, nuestro individualismo y nuestra ingratitud hacia Aquel de quien todo lo hemos recibido gratuitamente.

No intentemos poner paños calientes. Él, dice en el Evangelio: “En verdad os digo que cuanto dejasteis de hacer con uno de estos más pequeños, también conmigo dejasteis de hacerlo”.

¿Pensamos todavía que verdaderamente amamos al Señor? ¿Seguimos todavía tan ciegos?

Si hemos sido sinceros, quizá esta meditación en voz alta, nos haya hecho caer en tristeza. No es ese el deseo del Señor. Él, dice el salmo 32, “ha modelado cada corazón y conoce todas sus acciones”. El conoce nuestras limitaciones y sabe que hemos sido concebidos en pecado. Él, es único que no se escandaliza de nosotros. Por eso, descubriendo como Pedro nuestras infidelidades, lo único que podemos hacer es decirle: Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que quiero quererte. ¡Ayúdame!


08/07/2007 22:25 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LAS COMUNIDADES NEOCATECUMENALES EN BURRIANA

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Las Comunidades

Neocatecumenales en Burriana

A través de los años nuestra Ciudad ha destacado en muchos aspectos y ha estado en vanguardia del desarrollo y la modernidad. No es ahora el momento de hacer una relación de todas las actividades en las que Burriana, ha sido “capdavantera”. Utilizo esta expresión valenciana por la fuerza expresiva que contiene y porque retrata con exactitud la situación de nuestro Pueblo en muchos aspectos de la vida, en los que ha destacado respecto a todas las poblaciones de nuestra Comarca. Sin duda, esta situación y el noble orgullo del que hemos hecho gala los burrianeros, ha hecho que se nos colgara el sambenito de fanfarrones. “Bendita fanfarronería”, como dijo el cardenal Tarancón, si ha servido de acicate para continuar con ilusión, trabajando por el desarrollo de nuestro Pueblo.


En el aspecto religioso, nuestra Ciudad ha podido hacer gala de una fe sencilla pero acendrada, que se ha quedado corta comparada con la vitalidad que en este terreno han demostrado poblaciones como Vila-real. Sin embargo nuestros mayores fueron honestos y religiosos y defendieron la honradez como norma de vida.


Todo este preámbulo viene a cuento porque hoy quiero señalar una faceta de la vida de fe en la que, por gracia de Dios, Burriana también ha sido pionera. Me refiero al Neocatecumenado o Comunidades Neocatecumenales, como se las conoce con mayor frecuencia. Esta realidad eclesial nació durante la segunda mitad de la década de los sesenta, en un barrio de barracas de Madrid, llamado Palomeras Altas. Allí, Francisco José Argüello, Kiko, una joven promesa del arte, Premio Nacional de Pintura, después de sufrir una fuerte crisis existencial, marchó con el deseo de buscar sentido a su vida y encontrarse con Dios. Había escuchado unas palabras de Juan XXIII en las que decía que la renovación de la Iglesia y la salvación vendrían de los pobres. Por eso, dejando una vida más que acomodada, con una guitarra y una Biblia, marchó como pobre a vivir entre los pobres, sin perseguir ningún objetivo concreto. Eligió una barraca abandonada hecha de maderas viejas, cartones y hoja de lata, y para mantenerse buscó trabajo en un instituto próximo, dando clases de dibujo.


Durante este tiempo, Kiko, tuvo una revelación de la Virgen en la que le decía: “Hay que hacer comunidades cristianas como la familia de Nazaret, que vivan en humildad, sencillez y alabanza y en donde el otro, es Cristo”. Esta revelación no cambió para nada su vida, ya que no tenía la menor idea de cómo llevar adelante este encargo. Siguió viviendo en Palomeras totalmente solo. Durante los seis primeros meses, nadie se acercó a su chabola. Después, poco a poco, sus vecinos, gitanos, quinquis, chatarreros, borrachos, ladrones…, fueron acercándose a su barraca para pasar el tiempo y llenar largas horas de charla con él. Kiko, en estos ratos, solía abrir la Biblia al azar y comentaba con ellos lo que aparecía en las Escrituras. Aficionado a tocar la guitarra, compuso cantos partiendo de los salmos y de otros fragmentos de lo que leían. En este tiempo nacieron composiciones como Hacia ti morada santa o el Resucitó, que luego se hicieron populares en toda la Iglesia.

Poco a poco, aquel abigarrado grupo de personas tan dispares fue consolidándose y tomando cuerpo. Había algo que no sabían a ciencia cierta lo que era, pero que hacía que los lazos de amistad y aprecio se fueran consolidando. Las vidas de estas personas se fueron transformando progresivamente, sin que nadie hiciera violencia sobre ellas para que cambiaran de vida. Todo era un regalo de la palabra de Dios escuchada y aceptada, que obraba con fuerza sin necesidad de que existiera compromiso alguno.

El mayor descubrimiento fue comprobar la necesidad de realizar un catecumenado que hiciera crecer la pequeña semilla de fe que todos habían recibido en el Bautismo, con el fin de que diera frutos abundantes. Era inútil pedir esfuerzos y compromisos a unas personas que eran totalmente incapaces de cambiar sus vidas y costumbres con sólo su esfuerzo.


Esta realidad de incipiente comunidad fue conocida por el entonces Arzobispo de Madrid Dr. Casimiro Morcillo, que la apoyo y defendió delante de sus curas, invitándoles a iniciar en sus parroquias esta actividad. Después de intentar trasplantar esta experiencia a algunas parroquias cercanas, con el correspondiente fracaso, en 1967 el grupo de hermanos de Palomeras, fue requerido por el párroco de San Frontis de Zamora para intentar iniciar en su parroquia este catecumenado post bautismal. Es para imaginar lo que pensaría la gente al ver llegar a su parroquia a un equipo de personas procedentes de los estratos más bajos de la sociedad. Hoy, cuarenta años después, todavía continúan en San Frontis hermanos que iniciaron esta nueva forma de vida en aquella ocasión.


Todo lo expuesto anteriormente, surgía en una Iglesia que acababa de salir del Concilio Vaticano II y que deseaba renovarse interiormente, mostrando al mundo un rostro acorde con los nuevos tiempos y dando a la vez respuestas a las necesidades del hombre de hoy.
Estas inquietudes y estos deseos de renovación y autenticidad también llegaron a los creyentes de Burriana. No sabíamos a ciencia cierta cómo, pero todos deseábamos tomar parte en esta nueva primavera de la Iglesia.


A finales de 1970 fue nombrado párroco de María Auxiliadora don Antonio Garciandía Gorriti, que procedía del colegio de los salesianos de Cuenca, en donde había tenido ocasión de conocer las que entonces se llamaban Comunidades Cristianas. Queriendo implantar esta experiencia en su parroquia fue preparando el terreno manteniendo diversos contactos con sus feligreses y hablándoles con gran ilusión de estas comunidades. Celebramos con él varias eucaristías con la particularidad de que en vez de comulgar con formas lo hacíamos con pan ácimo, y participábamos también comulgando todos del cáliz. Hoy, estas novedades nos parecen nimias, pero en aquellos años suponían una auténtica revolución.

En febrero de 1972 se iniciaban en María Auxiliadora las catequesis que habían de poner en marcha la primera comunidad Neocatecumenal de la diócesis. Sólo tres meses antes se había iniciado el Camino en Barcelona, fruto de una catequización que llevaron a cabo Kiko Argüello y Carmen Hernández, en la parroquia de María Auxiliadora de Sarriá.


En nuestro caso el equipo de catequistas estaba formado por cinco jóvenes de la parroquia de San Pedro el Real (La Paloma) de Madrid: Antonio González, Félix Villegas, Enrique Callejo y Virginia Baeyens. La convivencia final tuvo lugar en el Desierto de las Palmas en donde el día 26 de marzo, Domingo de Ramos, 68 hermanos se ponían en marcha dentro de esta nueva realidad de la Iglesia.
Burriana fue la primera población de todo el Levante español, desde Barcelona hasta Sevilla, que tuvo Comunidades Neocatecumenales. Desde María Auxiliadora se evangelizó posteriormente en Castellón, Segorbe, Alfondeguilla, Almenara, Nules, Moncófar, Alquerías, Vila-Real, Val d’Uixó, etc.
Hoy el Camino Neocatecumenal está ubicado en la Parroquia de la Merced, en donde existen ocho comunidades con una cifra de miembros próxima a los 300. De ellos, unos doscientos todavía no han cumplido los cuarenta años. Esto es prueba evidente de que la figura de Cristo y de su Iglesia sigue siendo atractiva para lo jóvenes.


Aparte de la actividad evangelizadora llevada a cabo en parroquias de nuestra diócesis, nuestra parroquia alarga sus brazos hasta diversas partes del mundo. Sus miembros están, o han estado presentes en: Portugal, Australia, Perú, Argentina, Panamá, Costa Rica, Brasil, Santo Domingo, Costa de Marfil, Israel y Colombia. Las gentes de estos lugares han tenido conocimiento de una pequeña ciudad del levante español que, a través de alguno de sus habitantes, les ha hecho llegar la noticia de la salvación. En la actualidad son ocho los miembros del Camino Neocatecumenal que permanecen en la misión: dos en Costa Rica, uno en Perú, otro en Brasil, dos en Colombia e Israel y finalmente un matrimonio y su hija pequeña en Santo Domingo. Otro fruto del Camino en Burriana ha sido la ordenación de dos presbíteros, que ya mayores, sintieron la llamada del Señor dentro de su comunidad.
El Neocatecumenado es hoy en la Iglesia una hermosa realidad. Está implantado en más de 150 países con más de un millón de miembros. Tiene abiertos cerca de 70 seminarios misioneros, entre los que se cuenta el de nuestra diócesis, con 24 seminaristas mayores de siete u ocho nacionalidades diferentes. Cinco de ellos ya han recibido la ordenación como diáconos.

Como final, quisiera hacer un esbozo de lo que pretende conseguir el Camino Neocatecumenal. En primer lugar sostiene que es inútil exigir a la persona que cambie de vida cuando el motor de este cambio, que es la fe, prácticamente no existe, o no ha habido ocasión de que se desarrolle y crezca. Por lo tanto se requiere todo un proceso similar al catecumenado de la Iglesia primitiva, en donde paso a paso se vayan reviviendo de una manera libre y consciente, cada uno de los ritos que conforman la liturgia del Bautismo. Esto explica que dentro de una misma parroquia, cada comunidad esté en una determinada altura dentro del proceso neocatecumenal.


La noticia que anuncia el Camino y que verdaderamente cambia la vida, es saber que Dios nos ama a cada uno con verdadera locura. Que no exige que cambiemos de vida, o que seamos mejores para querernos. Que su amor es totalmente gratuito y que, por lo tanto, no exige nada a cambio.


En mi caso esta noticia aceptada tuvo la fuerza de cambiar mi vida por completo. Con toda la buena fe, tanto en casa como en el colegio, se me había dado a conocer a un Dios que tomaba muy en cuenta todas mis transgresiones y pecados. Que vigilaba el cumplimiento por mi parte de todos sus Mandamientos. Con esta carga era muy difícil vivir. Cada día me encontraba desazonado en el quiero pero no puedo. Esta situación sólo tenía dos salidas: abandonar las prácticas religiosas o vivir continuamente en el temor de la condenación.


Por suerte, la Iglesia me dio a conocer a un Dios totalmente distinto. Un Dios amor que sabe de todas mis limitaciones. Un Dios que es Padre y que ante mi pecado vuelve la mirada hacia otro lado. Un Dios que habiendo formado mi corazón conoce y entiende todas mis acciones. Un Dios que siempre me espera, y que ante mis desvaríos no tiene ni una sola palabra de reproche. Un Dios, en fin, que no ha dudado en llevar a su Hijo a la Cruz para que con su resurrección también yo me viera libre de la muerte.
Con un Dios así, con un Padre todo amor que está dispuesto a ayudarte cada día, la vida cambia por completo, se pierde el miedo al final y se puede ser feliz, en la medida en que la felicidad es posible en este mundo.

El autor de este artículo fue el primer responsable del Camino Neocatecumenal en Burriana.

11/06/2007 20:42 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema Hay 2 comentarios.

EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN

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Hablábamos la semana pasada sobre el Bautismo y la filiación divina.

Vamos a detenernos hoy un poco en un sacramento que se relaciona directamente con el bautismo, hasta el punto que en la Iglesia Primitiva, era considerado como un segundo bautismo.

Estamos refiriéndonos al sacramento de la Reconciliación o Penitencia.

Dios-Padre cuando nos creó, nos hizo un regalo de un valor incalculable: la libertad. Él, deseaba que nosotros pudiéramos amarle libremente, sin ninguna coacción. Conocía sin embargo, que nuestra debilidad nos llevaría a alejarnos de él. Por eso a la vez que nos hacía libres, creaba el camino del regreso: la conversión.

Convertirse no es otra cosa que cambiar de dirección. Reconocer que el camino que hemos elegido no es el adecuado, que en vez de llevarnos a la felicidad y a la vida, nos lleva al sufrimiento y a la muerte. Esto es lo que le ocurre al Hijo Pródigo, que da un giro a la vida que ha elegido lejos del padre, y regresa a él pidiéndole perdón.

Dios-Padre en la cruz de Jesucristo ha perdonado todos nuestros pecados. Ha roto la nota de cargo, la factura, que nosotros debíamos satisfacer como consecuencia de nuestros desvaríos, pero ha dispuesto que ese perdón se haga manifiesto a través de un signo, un sacramento, que el Señor dejó en su Iglesia. No podemos decir que Jesús delegara el perdón en su Iglesia, ya que la Iglesia es el mismo cuerpo de Jesucristo. Cuando la Iglesia perdona, es Cristo mismo el que perdona.

Hoy constatamos con tristeza que al sacramento de la reconciliación, no se le da la importancia que realmente tiene. Los fieles participan con mucha frecuencia en la Eucaristía, pero lo hacen de una manera esporádica en la Confesión. Pierden la oportunidad de festejar el hecho de sentirse perdonados por Dios.

Es necesario recuperar en la vida de fe este sacramento, que por otra parte es indispensable para acercarnos adecuadamente a recibir el resto de los sacramentos.

Celebrar la reconciliación, además de hacernos experimentar el amor de Dios y su perdón, nos proporciona la fuerza de Espíritu Santo, para resistir las muchas tentaciones a las que nos vemos expuestos cada día. Además, si nos sentimos perdonados por nuestro Padre-Dios, podremos también perdonar a nuestros semejantes, cuando recibamos de ellos alguna ofensa.

10/01/2007 13:43 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA FILIACIÓN DIVINA

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Celebramos hoy la Fiesta del Bautismo del Señor, que nos hace presente al primero y más importante de los sacramentos. Por él, entramos a formar parte de la Iglesia que es el cuerpo místico de Jesucristo. Por él, llegamos a ser hijos adoptivos de Dios. Hemos dicho llegamos a ser, porque el Bautismo siembra en nosotros la semilla de la Fe. Una semilla que convenientemente cuidada y cultivada, llegará a convertirse en una planta adulta que dará abundantes frutos de vida eterna.

El bautismo no actúa en nosotros de una manera mágica. En el bautismo existe el embrión de un hijo de Dios, que necesita crecer y desarrollarse hasta alcanzar la edad adulta, de manera que, como dice San Pablo, sea otro Cristo.

Con frecuencia escuchamos una afirmación que no es del todo cierta. Se dice que todos los hombres son hijos de Dios. Sería más exacto afirmar que todos los hombres son criaturas de Dios. Lo que no puede negarse es que todos los hombres están llamados en Cristo, a ser hijos de Dios.

La filiación divina sólo es real, en tanto en cuanto poseemos en nuestro interior el espíritu de Jesucristo. Dice San Pablo en la carta a los Gálatas: “La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! “ (Ga 4,6-6).

Para que la filiación divina sea efectiva, es condición previa haber recibido el espíritu del hombre nuevo, el espíritu del resucitado. Esto se hace evidente al comprobar cómo son nuestras obras. Si nuestras obras son las obras de Dios, queda demostrado que el espíritu de su Hijo Jesucristo habita en nosotros. Y ¿cuáles son las obras de Dios? Fundamentalmente, el amor y la misericordia, que quedan manifiestas cuando por el Espíritu que habita en nosotros, somos capaces de perdonar por completo a aquel que gravemente nos hace daño, ya sea terrorista, violador, asesino, ladrón, etc., así actuó en la cruz el que era hijo de Dios por naturaleza y que fundó su Iglesia para que esta manera de actuar, se perpetuara a través de los siglos.

San Juan nos dice en su primera epístola:

“En esto se reconocen

los hijos de Dios y los hijos del Diablo:

todo el que no obra la justicia

no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano”. (1Jn 3-10)

Obrar la justicia no es otra cosa, que obrar como Dios obra, perdonándonos y amándonos siempre, sin ponernos ninguna condición previa.

07/01/2007 12:19 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.

DOMINGO DE LA SAGRADA FAMILIA

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En este domingo que se halla dentro de la Octava de Navidad, la Iglesia pone ante nuestra consideración a la Sagrada Familia de Nazaret.

En el evangelio, San Lucas nos cuenta cómo a los doce años, Jesús sube con sus padres a Jerusalén para celebrar la Pascua. Al finalizar la fiesta, en vez de ponerse en camino, se queda él sólo en la ciudad.

Después de hacer una jornada de camino, María y José advierten que su hijo no se encuentra en la caravana y, preocupados, regresan a Jerusalén en su búsqueda. Preguntan a sus amigos y familiares por él, y después de tres angustiosos días, lo encuentran en el Templo sentado en medio de los maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Cuando María le reprocha su conducta, reciben por única respuesta una frase que no entienden y que les deja perplejos: “Por qué me buscabais? ¿No sabías que yo debía estar en la casa de mi Padre?

Esta respuesta quizá nos resulte un tanto extraña, sin embargo es importante ver como Jesús, tiene muy claro lo que comentábamos hace algunas semanas al hablar del Shemá. A nada, ni a nadie, incluso a nuestros familiares más cercanos, padres o hijos, debemos anteponer a Dios. Si Él es el primero, todo ocupará en nuestra vida el lugar adecuado.

La respuesta de Jesús, no implica desamor o falta de respeto hacia sus padres, sino que pone de manifiesto que Dios-Padre, es lo primero, lo más importante en su vida.

El pasaje termina diciendo que Jesús bajó con sus padres a Nazaret, que les estaba sujeto, o lo que es lo mismo les era obediente, y que crecía en estatura y gracia, delante de Dios y de los hombres.

01/01/2007 21:09 José-Miguel Rubert Aymerich #. sin tema No hay comentarios. Comentar.


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