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DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO -B-

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO -B-

«VENID CONMIGO Y OS HARÉ PESCADORES DE HOMBRES»

 

CITAS BÍBLICAS: Jon 3, 1-5. 10 * 1 Cor 7, 29-31 * Mc 1, 14-20 

El fragmento de la primera carta a los Corintios de san Pablo que hoy nos propone la Iglesia, tiene tal actualidad que no nos resistimos a reproducirlo entero. Dice así: «Os digo, pues, hermanos: El momento es apremiante. Queda como solución: que los que tienen mujer, vivan como si no la tuvieran. Los que lloran, como si no lloraran. Los que están alegres, como si no lo estuvieran. Los que compran, como si no poseyeran. Los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él. Porque la presentación de este mundo se termina».

Hemos dicho con frecuencia que la Palabra de Dios es viva y halla siempre cumplimiento en medio de aquellos que la escuchan. Hoy, san Pablo, nos dice que el momento es apremiante, y si miramos a nuestro alrededor y nos fijamos en los acontecimientos que está viviendo nuestra sociedad, estaremos de acuerdo en que está expresión es totalmente actual. La sociedad ha dejado de lado a Dios y da culto al dinero, al poder, al sexo, y a toda clase de ídolos muertos que, en vez de dar la vida, la exigen. El hombre se ha erigido como dios de su propia vida, y todo cuanto hace, a todos los niveles, tiene como motor su egoísmo. Como consecuencia aparecen abusos de todo tipo. Prácticas horrendas como el aborto o la eutanasia. Confrontaciones entre las naciones que dan como fruto, guerras, terrorismo y atropellos de toda clase, que de manera especial sufren los más débiles. Al eliminar a Dios de la vida, el egoísmo hace que el hombre se vuelva enemigo del hombre.

En esta situación es apremiante que, como en el evangelio, aparezcan discípulos dispuestos para que, de palabra, pero sobre todo con su vida, hagan presente el amor de Dios a los hombres y la existencia de la vida eterna. En el evangelio de este domingo, vemos como el Señor llama a Simón y a su hermano Andrés. A Santiago y a Juan, su hermano, que, dejándolo todo le siguen. También hoy el Señor sigue llamando a nuevos discípulos que estén dispuestos a ser sus testigos, en la familia, en el trabajo, en la política, etc. Es necesario mostrar una forma distinta de vivir. Es necesario dar a conocer a Dios como Padre que comprende nuestras debilidades y nos ama sin exigirnos nada a cambio, y que tiene preparada para nosotros una vida feliz y eterna.

Hoy el Señor nos llama a ti y a mí porque quiere que seamos sus manos, sus pies, su boca y su corazón, en medio de una sociedad que, por haber borrado a Dios de su vida, ha perdido la razón de ser, ha perdido la razón última de su existencia.

Ser objeto de esta elección del Señor ha de movernos por una parte a la gratitud, porque nada hemos hecho para merecerlo, y por otra a la docilidad, estando dispuestos a seguirle, sin poner condiciones, como los primeros discípulos.

 

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