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DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO  -C-

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

 

CITAS BÍBLICAS: Za 12, 10-11; 13, 1 * Gal 3, 26-29 * Lc 9, 18-24 

San Lucas nos presenta hoy en el evangelio al Señor Jesús puesto en oración. Al terminar pregunta a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?». Ellos le dan diferentes respuestas: Juan el Bautista, Elías o alguno de los antiguos profetas que ha vuelto a la vida. El Señor no hace demasiado caso a estas respuestas, porque lo que realmente le interesa es saber qué piensan de Él sus propios discípulos. Por eso les pregunta sin más: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Esta pregunta es fundamental para tu vida y para la mía. Juan, Antonia, María, José… ¿Quién dices tú que soy yo?  ¿Qué piensas de mí? Esta pregunta es la que hoy nos formula el Señor Jesús. ¿Por qué esta pregunta? En tiempos de Jesús unos esperaban al Mesías como salvador. Otros al pensar en él se lo imaginaban como un valiente guerrero que iba a expulsar de la nación, a los opresores romanos. Pocos, quizá, pensaban en él como aquel que iba a librarnos de nuestros pecados sacándonos de las garras de la muerte.

Y tú, ¿qué piensas hoy? ¿Te has planteado en serio en alguna ocasión esta pregunta? ¿A quién sigues? ¿Reconoces al Señor Jesús como el enviado del Padre para tu salvación? ¿Crees de verdad que está vivo y resucitado, y que nos da su Espíritu para que continuemos en el mundo su acción salvadora?

Quizá algunos piensen en el Señor como salvador para el final de su vida. Ignoran que cuando Él dijo aquellas palabras: «Y ved que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo», se refería a que es también nuestro salvador en el día a día. Tú y yo necesitamos ser salvados cada día. Son muchos los enemigos a los que debemos enfrentarnos continuamente. Con frecuencia somos conscientes de nuestra incapacidad a la hora de luchar contra nuestros bajos instintos. Nuestro hombre de la carne exige que le demos gusto en todo, y el demonio, aprovechando nuestra debilidad, nos esclaviza al hacernos ver como bueno todo lo que nos ofrece el mundo. Por eso necesitamos un Salvador, no solo para el final, sino para el día a día. Es para hoy para cuando necesitamos creer en Cristo Resucitado, vivo entre nosotros y siempre dispuesto a ayudarnos. Yo ahora te pregunto ¿es ese el Cristo en el que tú crees?

Pedro, a la pregunta del Señor, responde: «Tú eres el Mesías de Dios». Creer que Jesús es el Mesías, tiene para sus discípulos un grave peligro. El pueblo, espera a un Mesías libertador, que restaure el reino de Israel y le devuelva su pasado esplendor. Por eso, y para evitar que caigan en este error, el Señor se apresura a decirles: «El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos , sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar al tercer día.» Dicho de otro modo, les invita a no caer en el triunfalismo.

A continuación, les muestra el camino si quieren ser de verdad sus discípulos: «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí causa, la salvará».

Esta frase del Señor encierra el secreto de la verdadera felicidad en este mundo. Es precisamente en nuestra cruz de cada día, o sea, en aquello que supera nuestras fuerzas, en donde vamos a encontrarnos con Él, con su ayuda. A causa del pecado nunca nos veremos libres del sufrimiento, por eso es vano pretender defender nuestra vida, hemos de dejar que sea Él el que la defienda.  


 

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