DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
«NO ESTÁ AQUÍ. HA RESUCITADO»
CITAS BÍBLICAS: Hch 10, 34a. 37-43 * Col 3, 1-4 * Jn 20, 1-9
Celebramos en este domingo el acontecimiento más importante de toda la Historia de Salvación. La noticia que desde Adán ha esperado la humanidad: la muerte, ha sido vencida en la Resurrección del Señor Jesús.
Me viene a la mente un ejemplo que escuché en una catequesis y que, a pesar de los años transcurridos, es de palpitante actualidad. Decía el ejemplo que, en Normandía, durante la ocupación alemana, a altas horas de la noche en que desembarcaron las tropas aliadas, una mujer, quizá de conducta poco recomendable, fue llamando de casa en casa diciendo a todos los vecinos: “han desembarcado.” Era la gran noticia. Por fin, se verían libres de los alemanes.
Muchos de los que nos rodean viven en una situación semejante a la de los habitantes de Normandía. La esclavitud en la que viven, aún sin acabar de ser conscientes, condiciona por completo su vida. No son libres a la hora de tratar con el dinero y las riquezas, que les dominan. Tampoco lo son a la hora de relacionarse con los demás. Mucho menos en lo relativo al dominio de sí mismos. Están dominados por el sexo, las drogas, el juego, la ambición, el egoísmo y un largo etcétera. Todos están necesitados de recibir la noticia que tendrá el poder de transformar sus vidas. Es la noticia que el ángel da a las mujeres cuando llegan de madrugada al sepulcro: «No está aquí. Ha resucitado». Dicho con otras palabras: «la muerte ha sido vencida». Aquello que nos hacía sufrir: la enfermedad, la falta de dinero, el paro, la poca consideración de los demás, el vicio oculto, el rencor y la dificultad de perdonar a los demás… Resumiendo, todo lo que nos impedía ser felices, ha sido destruido. La muerte, fruto de nuestros pecados y desvaríos, ha sido destruida por la Resurrección del Señor Jesús.
Ésta es la noticia que nosotros, discípulos del Señor Jesús, hemos de dar a conocer a los que nos rodean. Es necesario que, a semejanza de lo que hizo la mujer de Normandía, lancemos con insistencia a los cuatro vientos la gran noticia: «Cristo ha resucitado. La muerte ha sido vencida». No podemos permanecer impasibles ante el sufrimiento de los demás. Es necesario anunciarles que para ese sufrimiento hay una solución. Que el Señor Jesús en la Cruz absorbió todo el veneno de nuestros pecados que nos llevaba a la muerte, y que era el origen de todos nuestros sufrimientos. Él esta sentado a la derecha del Padre con todo poder para que nosotros podamos experimentar que, en su muerte, dio muerte a todo aquello que nos esclaviza y nos impide ser felices.
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