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DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO -C-

«ALEGRAOS PORQUE VUESTRA RECOMPENSA SERÁ GRANDE EN EL CIELO»

 

CITAS BÍBLICAS: Jer 17, 5-8 * 1Cor 15, 12.16-20 * Lc 6, 17.20-26 

Si preguntáramos a la gente que es necesario para ser feliz, seguramente, la mayoría respondería que tener abundantes bienes materiales: dinero, joyas, riquezas de todo tipo. Sin embargo, vemos hoy en el evangelio que no es ese el pensamiento del Señor. Lo que él nos ofrece para alcanzar la verdadera felicidad, es radicalmente opuesto a lo que piensa el mundo.

A lo que el mundo desprecia y rechaza, a los pobres, a los hambrientos, a los que lloran, a los que son odiados, insultados o rechazados por causa del Hijo del Hombre, a esos, precisamente, el Señor llama dichosos.

La forma, pues, que nosotros tenemos de entender la felicidad en este mundo, difiere mucho de aquella que el Señor nos muestra en el evangelio de hoy.

La gente corriente nunca entenderá que los pobres, los que tienen hambre, los que lloran o los que se sienten perseguidos por causa del Evangelio, puedan ser felices. Sin embargo, esto es lo que el Señor Jesús nos da a conocer hoy a través de su Palabra.

Jesús sabe que son muchos los que sufren porque no disponen de lo más elemental para vivir. Sabe también, que otros nadan en la abundancia apropiándose de los muchos bienes que han recibido, sin compartirlos con los demás. Por eso, proclamará dichosos a los primeros haciéndoles poseedores del reino, y recordará a los segundos que ya han recibido su recompensa. «Dichosos, dirá el Señor, si ahora tenéis hambre, no sólo hambre física, sino hambre de justicia y de amor, porque seréis saciadosDichosos los que ahora lloráis porque seréis consolados. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo». 

Sabemos que la verdadera felicidad para el hombre radica en el encuentro con el Señor Resucitado. Por eso, aquellos que ahora ríen, que tienen éxito, que se sienten ricos y autosuficientes, que no tienen necesidad de Él, ni lo buscarán ni encontrarán de verdad la vida. Los que, por el contrario, se encuentran vacíos, son pobres, lloran, o son perseguidos, encontrarán en el Señor a quien los llene, los enriquezca y los consuele. A estos, hoy, es a los que el Señor llama bienaventurados.

¿En qué grupo nos encontramos? ¿Somos de los pobres o de los ricos? ¿Reímos o lloramos? ¿Tenemos hambre o nos consideramos saciados? Si somos sinceros reconoceremos que, con frecuencia, nuestro egoísmo hace que nos encerremos en nosotros mismos y que nuestras preocupaciones sean motivo de que no tengamos en cuenta a los demás.

Llegados a este punto será bueno tener presente que, al final de nuestra vida lo único que nos preguntará el Señor es si hemos practicado el amor y la misericordia con los demás. Como dice san Juan de la Cruz, sólo seremos examinados en el amor.

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