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NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

«HOY, OS HA NACIDO UN SALVADOR: EL MESÍAS, EL SEÑOR»

 

CITAS BÍBLICAS: Is 9, 1-3.5-6 * Tit 2, 11-14 * Lc 2, 1-14

Con la solemnidad de la Natividad del Señor damos fin al Adviento y al mismo tiempo iniciamos el tiempo de Navidad. Han sido cuatro semanas en las que la liturgia nos ha hecho presente, por una parte, el advenimiento del Señor al final de los tiempos, y por otra parte el nacimiento del Niño-Dios en el tiempo.

En la liturgia cristiana celebramos durante el año dos acontecimientos extraordinarios. Por una parte, la Pascua de Resurrección del Señor Jesús que es el origen y centro de toda la vida cristiana. Es la celebración central de nuestra fe. Por otra parte, celebramos la Pascua de Navidad que nos hace presente el Nacimiento del Niño-Dios que, tomando una carne como la nuestra, da comienzo al cumplimiento de las promesas hechas desde antiguo por Dios-Padre a su Pueblo.

Queremos fijar nuestra atención en tres versículos tomados cada uno de las tres lecturas de la Misa de Medianoche. El profeta Isaías nos dice en la primera palabra de la Eucaristía: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en tierras de sombras, y una luz les brilló.» Esa era la situación de los hombres cegados por el pecado, imposibilitados para obrar el bien. Hacía falta que apareciera una luz, un foco, que alumbrara, que diera sentido a la vida de cada hombre. Hoy, la situación del hombre no es mejor que aquella. El dinero, el egoísmo, la sensualidad, etc., hacen que el hombre camine en tinieblas y tenga necesidad de que, en su noche, brille también una luz que dé sentido a su existencia.

San Pablo en su carta a Tito nos dice: «Ha parecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres.» ¡Qué gran noticia! Si trae la salvación para todos, es porque todos estaban condenados. Ningún hombre es capaz de lograr la salvación mediante su esfuerzo, por eso el Apóstol nos dice que ha aparecido la gracia de Dios, es decir, el don gratuito de Dios. Tú y yo, no creo que tengas ninguna duda, somos pecadores, y, por tanto, somos incapaces con sólo nuestro esfuerzo de hacer el bien, de hacer aquello que agrada al Señor. Por eso, Él viene en nuestra ayuda, y sin ningún esfuerzo por nuestra parte, nos regala su salvación. Lo único que nos pide es que la aceptemos, que no la rechacemos.

Finalmente, en el evangelio, vemos al ángel del Señor que dice a los pastores: «No temáis, os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor.» Esta es la gran noticia. Lo fue entonces y continúa siéndolo hoy. En la noche de los pastores y también en la de nuestra vida, aparece una luz. Viene a romper las ataduras y esclavitudes a las que el pecado nos somete. Es el Salvador, es el Señor, que, encerrado en el débil cuerpecito de un niño, viene a dar cumplimiento en nuestra vida a las promesas de Dios-Padre.

Esta gran noticia lo será para nosotros, en primer lugar, si estamos convencidos de que somos pecadores, que estamos necesitados de salvación. De ser así, será también necesario que, con un corazón sencillo, como el de los pastores, bendigamos al Señor por el gran beneficio que nos hace con su visita.


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