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DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO -B-

DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO -B-

«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». 

 

CITAS BÍBLICAS: Sab 2,12.17-20 * St 3, 16-4,3 * Mc 9, 30-37

Jesús camina con sus discípulos alejado de la gente, porque desea instruirlos sobre los acontecimientos a los que necesariamente tendrán que enfrentarse al llegar a Jerusalén. Los discípulos todavía ven en la figura del Señor al descendiente de David, que les va a librar del dominio de los romanos y va a devolver a Israel su antiguo esplendor.

Por eso, les habla sin tapujos de los sufrimientos que le esperan a manos de las autoridades judías. Les dice: «El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará». Ellos, precisamente porque no acaban de entender todo aquello, evitan hacerle preguntas. Están tan fuera de órbita, tan lejos de la realidad, que por el camino van discutiendo sobre quién de ellos es el más importante.

Jesús, que está al tanto de su preocupación, al llegar a casa les pregunta: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos, al ver que han sido descubiertos, callan. Él, se sienta, llama a los Doce y les dice: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Quizá, a ti y a mí, que nos llamamos cristianos, y que no estamos acostumbrados a ocupar los últimos lugares, esto nos parezca un poco exagerado. Debido a nuestra naturaleza dañada por el pecado, no estamos acostumbrados a perder nuestra vida, sino que la defendemos con uñas y dientes. Todos buscamos que los demás reconozcan nuestros valores, sean cuales fueren. Hay que destacar en algo, aunque sea como aquel mal estudiante, que su orgullo consistía en ser el último de la clase.

Sin embargo, estamos siguiendo a uno que decía: «El Hijo del Hombre no ha venido a que le sirvan, sino a servir a los demás y dar su vida en rescate por muchos». ¿Eres consciente de esto? A lo mejor te sucede como a los discípulos y lo que buscas son reconocimientos y honores. Estás, como ellos, muy equivocado. Ocupar los últimos lugares implica para el mundo grandes sufrimientos, pero no así para los cristianos. El mundo necesita evadirse, emborracharse, huir del sufrimiento. El hombre del mundo necesita también encontrar algo que llene el vacío de su corazón: riquezas, diversiones, empresas de todo tipo, etc., todo aquello que él cree que le dará felicidad. No ocurre lo mismo con el corazón del cristiano. El cristiano tiene el corazón lleno del amor de Dios, por eso no ambiciona nada. No necesita buscar la felicidad, porque se la proporciona ese amor. Es feliz ocupando el primer puesto y ocupando el último puesto. Es feliz experimentando el amor de Dios y es más feliz todavía amando y entregándose a los demás.

Vivir la vida del cristiano es algo que, como se dice vulgarmente “no está al alcance de todos los bolsillos”. No se consigue con esfuerzo. No depende de nosotros, sino que es un don, una elección gratuita de parte del Señor. El Señor eligió a sus apóstoles, a sus colaboradores, y hoy sigue llamando y eligiendo a aquellos que quiere que lo hagan presente en medio del mundo. Él está vivo y resucitado, pero no está visible a los ojos de los hombres. Por eso te ha elegido a ti y me ha elegido a mí, para que en nuestra pobreza se manifiesten sus obras. Que los demás, viendo en nosotros obras que son totalmente imposibles de realizar por los hombres, lleguen a descubrir en nosotros su persona.

Para todo esto es indispensable la fe. Pero la fe también es un don gratuito del Señor que necesita para darse, la escucha atenta de la Palabra de Dios. La fe viene de la predicación y la predicación viene de la Palabra de Dios. Es fundamental ponernos a la escucha de la Palabra, con un corazón de niño, incapaz de poner en duda nada de lo que oye decir a su padre.      

 

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