Blogia
Buenasnuevas

DOMINGO II DE TIEMPO ORDINARIO -A-

DOMINGO II DE TIEMPO ORDINARIO -A-

«ÉSTE ES EL CORDERO DE DIOS»

 

CITAS BÍBLICAS:  Is 49,3.5-6 * 1Cor 1, 1-3 * Jn 1, 29-34

En el evangelio de hoy san Juan nos muestra a Juan bautista dando testimonio del Señor, al verlo llegar que adonde él se encuentra. Lo hace delante de sus discípulos y afirma: «Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Juan afirma también: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que va a bautizar con Espíritu Santo”. Yo lo he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios».

La misión de Juan termina aquí. Él solo ha sido enviado a preparar el camino al Mesías. Ahora, cumplido este cometido, y después de haber dado testimonio de Jesús mostrándolo a sus discípulos, llega el momento de que se cumpla aquello que afirma en otro lugar: «Es necesario que Él crezca y que yo disminuya».

La noticia que nos da Juan al presentar a Jesús como al «Cordero de Dios que quita el pecado del mundo», es la gran noticia. Es la noticia esperada por todas las generaciones. El hombre, desde Adán, ha preferido vivir su vida al margen de Dios, y el resultado ha sido nefasto. El pecado y la muerte se han enseñoreado del mundo, y como consecuencia el hombre se ha vuelto enemigo del hombre. El plan de amor que Dios había diseñado para el hombre y la mujer, ha quedado por completo destruido. Como consecuencia han parecido el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Así mismo, el egoísmo ha venido a ocupar en el corazón del hombre el lugar que ocupaba el amor. Esta circunstancia ha dado origen a las guerras, a los abusos y a toda clase de injusticias.

Juan nos anuncia la llegada de Aquel que viene a restaurar el orden primero. De Aquel que es capaz de arrancar el egoísmo del corazón humano, y de hacer que de nuevo resida en él el amor. Es el único que tiene poder para perdonar los pecados, poder para sacarnos de la muerte y devolvernos la mistad con Dios.

Si nos fijamos en la sociedad de hoy observaremos que el hombre, de nuevo, vuelve a dar la espalda a Dios. El hombre, como Adán, ambiciona otra vez ser el dios de su vida. Por orgullo no admite que nadie le indique lo que ha de hacer y mucho menos que se le corrija. Con su inteligencia y su razón le basta. Los frutos de esta actitud están patentes: conflictos armados en varios lugares del mundo, millones de desplazados sin recursos que no hallan quien los acoja, violencia, abusos y maltratos a niños, mujeres y ancianos, y un largo etcétera. Cuando Dios desaparece de la vida del hombre, éste se embrutece y solo ve su propio interés.

La sociedad de hoy tiene necesidad de un nuevo Juan el Bautista que le muestre el camino de la salvación. Un profeta que no tenga miedo en afirmar que Dios no tiene la culpa de que haya tanto mal en el mundo, porque el origen de las guerras, los abusos y las injusticias, no hay que buscarlo en Dios, sino en el egoísmo del hombre, en su pecado. Dios nos ama y nos deja libres, somos nosotros los que utilizamos mal esa libertad.

¿Dónde encontraremos ese nuevo Juan el Bautista? Ese profeta que muestre a los que le rodean al único que es capaz de perdonar los pecados, somos tú y yo. Nosotros, los que nos llamamos discípulos de Cristo, hemos recibido de Dios-Padre la misma misión que en otro tiempo se le encomendó a Juan. Mostrar a los que nos rodean al único capaz de perdonar sin pedir explicaciones. Al único que ama al hombre tal como es, sin exigirle que cambie. Somos tú y yo los que hemos de ser testigos de que el único que puede salvar al hombre de este desmadre y de esta vorágine de pecado, es el Señor Jesús, que por amor a todos cargo sobre sí todos los pecados del mundo, a fin de que nos viéramos libres de la muerte.  

 

0 comentarios