Blogia
Buenasnuevas

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ

Celebramos hoy la solemnidad de san José, esposo de la Bienaventurada Virgen María y Padre Legal del Hijo de Dios. Quiero con este comentario reivindicar la figura de este gran santo que es, además, mi santo Patrón.

San José es una figura de contrastes. Por una parte, es un hombre humilde, carpintero de profesión, que seguramente pasaba desapercibido en una pequeña población de Galilea llamada Nazaret, y que, por otra parte, es la persona elegida por Dios para la misión más alta a la que podía aspirar un hombre, ser el padre legal del mismo Hijo de Dios hecho hombre.

Dios-Padre puso bajo el cuidado de José a los dos seres que más amaba: a su mismo Hijo y a la que fue su Madre, la Virgen María. El Señor lo eligió para que, según las costumbres del Pueblo de Israel, fuera el padre legal del Niño Jesús, con todos los derechos y obligaciones que ello implicaba. Esta condición le daba derecho, en primer lugar, a elegir el nombre del recién nacido, como así lo hace por indicación del ángel. Como consecuencia de esta paternidad legal, José educó, junto con María, al Niño Jesús, en la fe de Israel. Le dio a conocer a Dios como Padre y le enseñó a amarlo sobre todas las cosas. Le enseñó a caminar y lo tomaba en sus brazos, como el padre que alza a un niño hasta sus mejillas, y se inclina hacia él para darle de comer. Finalmente, en lo humano tuvo la dicha de escuchar de labios del mismo Hijo de Dios, llamarle a él, “papá”.
 
Durante muchos siglos y dentro de la Iglesia, su figura no ha ocupado del todo el lugar que le correspondía. Se quería hacer hincapié, dejando claro, que el único Padre del Señor Jesús era el del cielo. Se le denominaba por eso como custodio, padre putativo, etc. del Señor, sin reconocer que no sólo hacía las veces de padre, sino que era, según la ley, el auténtico padre legal de Jesucristo, con todas las obligaciones y con todos los derechos que ese título le otorgaba. Sólo grandes santos como Bernardino de Siena o Teresa de Jesús, constataron la importancia de san José en la historia de la salvación.

Ha tenido que pasar mucho tiempo, siglos, para que oficialmente se hiciera justicia a este gran santo. No fue hasta el 8 de diciembre de 1870, en que el papa Pio IX lo declaró Patrono de la Iglesia Universal, significando que realizaba con la Iglesia, la misma función protectora que en otro tiempo había llevado a cabo con la Sagrada Familia. Fue el papa Juan XXIII el que introdujo el nombre de san José en el Canon Romano y, finalmente, ha sido el papa Francisco el que ha añadido su nombre en las Plegarias eucarísticas II, III y IV del Misal Romano.

Nosotros queremos fijarnos hoy, en una figura de José de Nazaret, alejada de la iconografía tradicional y mucho más próxima a la que tuvo en realidad. José era un mozo de Nazaret, carpintero de profesión, que estaba enamorado de la joven María, hija de Joaquín y Ana, y que soñaba con formar una familia con su prometida. Ninguno de los dos destacaba por nada extraordinario, a no ser por su honda religiosidad y su trato afable.

Los planes de vida de José cambiaron radicalmente con la intervención de Dios-Padre, dándole a conocer la elección que había hecho sobre él. Supo renunciar entonces al proyecto que se había trazado, y aceptó convertirse en eunuco por el Reino de los Cielos. Desde entonces su vida familiar se desarrolló como la de cualquier otro matrimonio joven de Nazaret, con las preocupaciones y desvelos propios de cualquier padre de familia. No es difícil imaginar a María y a José viendo crecer al pequeño Jesús, celebrando sus sonrisas, sus llantos, sus pequeños berrinches o el balbuceo de su primera palabra. Todo igual a lo que hemos vivido nosotros con nuestros hijos.

Con toda esta exposición, pretendemos acercar a nosotros la auténtica figura de José, lejos de las imágenes que nos han llegado a través de la devoción popular. José es un marido ejemplar, un padre de familia con las mismas preocupaciones que tenemos tú y yo, y que, por lo tanto, está pronto a echarnos una mano ante las dificultades cotidianas. Por otra parte, su intercesión es muy poderosa, no en vano escuchó de labios de su hijo Jesús, llamarle papá.

0 comentarios