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DOMINGO VII DE PASCUA - ASCENSIÓN DEL SEÑOR -A-

DOMINGO VII DE PASCUA - ASCENSIÓN DEL SEÑOR -A-

«ID Y HACED DISCÍPULOS DE TODOS LOS PUEBLOS...»

 

CITAS BÍBLICAS: Hch 1, 1-11 * Ef 1, 17-23 * Mt 28, 16-20

Aunque correspondía celebrar esta fiesta de la Ascensión del Señor el jueves pasado, cuarenta días después de su Resurrección, la Iglesia, por ser ese jueves un día laborable, la traslada a este séptimo domingo de Pascua.

El Señor Resucitado ha estado manifestándose a sus discípulos en diversas ocasiones, a través de los cuarenta días que han transcurrido desde su resurrección. De esta forma ha afianzado su fe, haciéndolos al mismo tiempo testigos delante del pueblo, de que sigue vivo y está resucitado. Al mismo tiempo, les ha ido dando sus últimas instrucciones.

Hoy, en Galilea, les dice a sus discípulos: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado»

El Señor Jesús deja en manos de sus discípulos la misión de hacer llegar la Buena Noticia de Evangelio a todas las naciones de la tierra. La salvación que ha ganado para el hombre en la Cruz es universal, pero necesita ser dada a conocer a todas las gentes. Esa es, precisamente, la misión que encarga a sus discípulos. Es necesario que la Buena Nueva del Evangelio llegue hasta el último rincón de la tierra.

Hoy, tú y yo, ocupamos el lugar de aquellos discípulos, por tanto, las palabras que ha pronunciado el Señor Jesús, las ha pronunciado para ti y para mí. El Señor nos ha dado el don inestimable de ser miembros de su Iglesia, y la principal misión de la Iglesia, no es otra que dar conocimiento a todos los hombres de la salvación que ha ganado para todos en la Cruz el Señor Jesús.

No nos equivoquemos, la principal misión de la Iglesia no es celebrar eucaristías, hacer procesiones, administrar sacramentos y hacer otros actos de culto, ni tampoco llevar a cabo obras de caridad. Todo esto está muy bien y es necesario, pero el principal encargo del Señor, el más importante de todos, es hacer llegar al hombre pecador la buena noticia del amor de Dios manifestado en el perdón de los pecados, y la vida eterna que nos está reservada a todos, fruto de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Si nos consideramos discípulos del Señor, no podemos renunciar a ser portadores de esa gran noticia a todos los que nos rodean, empezando por aquellos que están más cerca de nosotros. El Señor tiene dispuesto que nuestro testimonio, el tuyo y el mío, llegue a una serie de personas, a las que, quizá, si no lo hacemos, no llegue nunca esa gran noticia. Hemos de ser, por tanto, conscientes de la importancia de la misión que el Señor ha dejado en nuestras manos.

Es posible que, siendo conscientes de nuestra pobreza, la misión nos venga grande, pero eso solo sucede si únicamente confiamos en nuestro esfuerzo. No te mires a ti mismo. Que no te asusten tus miserias y pecados. El Señor te conoce y sabe a quién ha elegido. Por eso, para tu tranquilidad y la mía, para darnos ánimos, nos dice: «Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo». ¿Hay algo que pueda darnos mayor seguridad que la continua presencia del Señor junto a nosotros?

 

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